Este poema pertenece al compilado "Los poemas eróticos de Yvonne"
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Oscuras ganas |
Este poema pertenece al compilado "Los poemas eróticos de Yvonne"
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Magnolia de agosto. |
Hoy descubrí a la Magnolia Soulangeana.
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L´amour según Paul Éluard |
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Flores de Bach para el Mal de Amores |
Más de una vez acudí a las Flores de Bach para aliviar angustias o depresiones.
Y nunca me funcionaron. Aquellas gotitas con saborcito a alcohol me resultaron inocuas, vacías.
Dicen que esas flores actúan básicamente "sobre los estados mentales y emocionales más palpables de las personas, sobre sus estados de ánimo". ¡Oh! qué hermoso suena. Por favor, puras pamplinas. Quimeras. Mentiras. Globitos de jabón.
A mi esas gotas no me sirvieron para nada. Recuerdo una vez que estaba bastante deprimida y sola, acababa de salir de un rechazo amoroso bastante feo, y empecé a tomar unas gotas recomendadas por un terapeuta floral que me había entrevistado durante largo rato.
Mañana a mañana y tarde a tarde yo tomaba religiosamente las gotitas. Pero los días pasaban y no sentía ninguna diferencia, me seguía sintiendo anímicamente como el culo.
Hasta que un día, en medio de un arrebato de angustia, me tomé el frasco entero de un saque, como si fuera un whisky on the rocks.
Nota aparte: Conozco a alguien que sí se ha curado el mal de amores con flores de bach. Recomiendo este post de Taika Ramé, en donde habla sobre las maravillas curativas de esta terapia.
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La resaca y el mendigo |
Hoy en la mañana me levanté con una resaca insoportable. Al ardor del estómago por haberme tomado unos ocho whiskies (¿u ochenta?, es que no me recuerdo) de más, se le sumaba un fuerte dolor de cabeza, la boca pastosa y amarga y una sensación de cansancio general. Pero lo peor llegó cuando mi cabeza se puso a funcionar y comencé poco a poco a recordar los episodios de la noche anterior.
Estábamos en un cuarto de hotel él y yo. A él lo recuerdo desnudo, atractivo como siempre, sexy, cómico. Yo reía, seguramente lo estaba seduciendo. (Las mujeres nos reímos de los chistes del hombre que nos gusta) Quería de una vez lo que venía deseando desde hacía tiempo: tenerlo adentro mío y sentirlo galopar con fuerza. Quería sentir su pasión y desahogar todo lo que llevo adentro, con él encima mío. Con eso había soñado durante meses. En esos meses él me había dicho palabras al oído, tratando y no en vano, de excitar mi imaginación erótica. "Voy a lamerte ahí donde te gusta", me dijo una vez. Estaba húmeda y agobiada de tanto deseo. No iba a descansar hasta que ése hombre por fin me cogiera durante horas e hiciéramos todo lo que se nos ocurrriera, tal como venímos fantasiando.
Lo hizo. Por supuesto, mucho mejor que lo que yo había imaginado. El orgasmo fue de película, largo e intermitente. Al minuto de terminar yo estaba más excitada que al principio. Le pedí un segundo round. Y ésta vez fue aún mejor, más larga, más indecente, más de lo que yo había deseado. Le supliqué por un tercer round, pero me dijo que estaba cansado y que pronto se tendría que ir. Fue un segundo, una mirada de sus ojos. Mi ánimo se desplomó, me sentí rechazada y mal querida. Empezó a doler en ese viejo lugar que no está en ninguna parte pero que influye en el funcionamiento del estómago, y hasta en la postura corporal. Después, no me acuerdo de nada.
Eran las 21 horas y decidí levantarme de la cama aunque sintiera que la fúlmine resaca todavía permanecía adherida a mis huesos. Decidí que era hora de ir a comprar algo al supermercado, un poco de pan quizás, alguna manzana para iniciar de nuevo mi camino hacia la cordura. Cuando iba por la vereda, con pasos lentos y esforzados me encontré con el cuerpo de un hombre muy sucio, visiblimente borracho e indigente. Su figura estaba tendida en el medio de la vereda y desde sus piernas chorreaba un líquido amarronado que no se sabía si era meo, vómito, alcohol o diarrea. La gente que pasaba cerca de él cruzaba la calle o lo eludía como si fuera una bolsa de basura.
No podía alejarme como lo habría hecho un día cualquiera. El borracho me daba lástima, me parecía cruel dejarlo allí tirado, como si fuera una cosa. Entonces me acerqué, le tendí mi mano y tomé la suya, que estaba cubierta por una asquerosa costra de mugre.
El mendigo me tomó del brazo y se apoyó en mi para caminar dos o tres pasos hacia un lugar de la vereda donde podría sentarse "cómodamente". Durante quince minutos me olvidé de mis miserias y me alegré de ayudar a una persona que estaba peor que yo. Sentí que estaba haciendo una buena obra y que Dios me premiaría por ello.
Continué con mi marcha, hice las diligencias y volví mis pasos por aquella calle que tanto conocía. De lejos volví a divisar al borracho indigente, quien esta vez estaba de pie y tenía una mirada lúcida, según se me antojó en ese momento.
Mientras caminaba en dirección a él, imaginaba que el hombre se me acercaría y me daría las gracias por haberlo ayudado, mientras todos los demás transeúntes habían seguido insensibles. De buena gana me fui acercando y el mendigo marchaba a paso lento hacia mi. Sus ojos se posaron en mis pupilas y me escrutaba el rostro con fuerza. Imaginaba yo que estaría convocando a Dios, que por su cabeza se elevarían mil plegarias dedicadas a mi bondad. Hasta que se me acercó tanto que su cara casi rozaba la mia.
-Yegua-, rugió.
-Yeeeeguaaaaaa-, volvió a gritar, ésta vez más fuerte y pronunciando exageradamente la "y" de "yegua"
Me alejé rápidamente, aterrada, con el corazón golpeándome el pecho, mucha verguenza e irritación.
Todavía oigo su grito:
-Yeguaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa-
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Prescrìpción médica de la doctora yvonne |
Mucha gente intenta aliviar el mal de amores con antidepresivos. Yo les digo que tengan cuidado.
No soy quién para desaconsejar los fármacos, pues yo he sabido consumir alplacín y riviotril y alguna otra "cosita" (que no voy a decir aquí) a mansalva.
Sin embargo les quiero recordar que los antidepresivos también tienen sus defectos: no son compatibles con el alcohol (no se puede beber y tomar antidepresivos a la vez, porque de eso resulta una explosión horrorosa en el ánimo de la persona) Pero además, disminuye la líbido.
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Heridas de amor protervas |
El maestro Lope de Vega tenía una idea muy clara del Mal de Amores.
En Gatomaquia escribió:
estas heridas del amor protervas
no se curan con yerbas:
que no hay para olvidar a amor remedio
como otro nuevo amor, o tierra en medio


