hoy fui a la playa. había poca gente, apenas dos mujeres, dos hombres y una niña. la brisa soplaba suave, el cielo resplandecía con un azul fulgurante, todo brillaba como un vaso recién lavado con detergente CIF (después le paso la cuenta a esa marca de mierda, que sale carísima, pero que realmente limpia bien)
una mujer de unos cuarenta años se sentó cerca mío, prendió un pucho y quedó inmóvil, vestida con una remera hering gris, unas pantalonetas amarillas y el pelo revuelto. Del otro lado, otra mujer se sentó en una reposera y tomaba el sol mientras de tanto en tanto vigilaba a su pequeña hija, una regordeta alegre que no paraba de saltar y pegar grititos de emoción cada vez que veía algo que le llamaba la atención. Todo le llamaba la atención, un bichito (creo que era una cucaracha) que caminaba en la orilla, los hilitos de una toalla vieja, la luna menguante, la barrigota enorme de un señor que se echó en posición horizontal.
un tipo caminaba por la orilla con el tobillo vendado, estaba esguinzado. Me hizo recordar a Christian Castro o alguno de esos cantantes mersas que promueven sus discos con fotos de sí mismos en la playa. "Me siento muy solo", parecía decir aquél hombre blancuzco y fofo, pero no del todo desagradable.
la madre vigila a su hija como una leona vigila a sus cachorros, sin darle mucha bola, apenas sonriendo cuando aquella dice algo divertido. Cuando no le echa un vistazo a su hija, la madre, la leona, mira hacia el horizonte, contempla las olas y piensa en la vida.
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en la playa |
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Ayunar para curarse |
Alguna vez Mahatma Gandhi escribió: “Cuando existe un dolor que no podemos eliminar, debemos ayunar”.
Cuando los animales están heridos o enfermos no comen. Cuando un niño tiene fiebre o se siente mal, tampoco. Es un ayuno instintivo, donde el cuerpo al no tener que ocuparse de las funciones digestivas puede concentrar las energías para sanarse y purificarse.
Los fanáticos del ayuno como terapia creen que el ser humano ha perdido esa sabiduría instintiva que le dice que no coma cuando no se siente bien. Si a eso le sumamos la vorágine cotidiana, los tentadores manjares que acechan al paladar, el sedentarismo, el estrés y una ingesta de calidad y cantidad poco adecuadas, nos encontramos con un cuerpo cansado.
El estómago, los intestinos, el hígado y el páncreas no tienen tregua y van acumulando reservas que no necesitan. No es de extrañar el gran número de enfermedades digestivas que, de un modo u otro resultan del agotamiento, del trabajo incesante que impide eliminar las toxinas acumuladas día a día. Privarse del alimento y pasar hambre porque sí, parece una locura, un acto antinatural, hasta masoquista quizás. Sin embargo, es algo que ha hecho en ciertas circunstancias toda la humanidad.
Los cristianos durante la Cuaresma, los judíos en el Día del Perdón, los hinduístas en el Ekadashi así como todos los pueblos islámicos, griegos, persas, espartanos, egipcios y aztecas. Actualmente esta práctica va más allá de la tradición: diversos experimentos sugieren que el ayuno en personas sanas y bien controlado —y que no buscan precisamente adelgazar— puede ser muy beneficioso. Y podría ser un aliado magnífico contra el Mal de Amores.
Yo nunca lo llevé a la práctica, así que no les puedo decir si me sirvió o si me hizo bien. Pero parece bien interesante.
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Mi vagina, que no sabe mentir |
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La caída |
En inglés se utiliza la expresión "to fall in love" para decir "enamorarse". En francés, también se usa una expresión que tiene que ver con una caída, "tomber amoreuse".
Enamorarse parece estar relacionado con el descenso, el desplome. Me enamoro y caigo, bajo, me derrumbo, ruedo y tropiezo.
Voy en caída libre hacia el infierno. Quizás, infierno y cielo no sean lugares tan diferentes.
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Soñé, de Sylvia Plath |
Soñé que me hechizabas en la cama
Cantabas el sonido de la luna, me besabas
locamente
(Creo que te inventé en mi mente)
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Consejos de un lector hecho puré |
Me encontraba echo una mierda, desecho, perdido, un giñapo, de hombre orgulloso, hasta arrogante terminé por ser dependiente de mi tristeza, de mi soledad... ella me hizo polvo y acabó conmigo... o por lo menos eso pensé. Mi vida se volvió una porquería, me embriagaba a diario, así que a diario terminaba en su puerta suplicándole volver (primer consejo: nunca se embriaguen si tienen melancolia).
No dormía, no comía, después de cinco dias, no podía subir las escaleras... mi familia se lastimaba viendo como yo me hacía "puré" por esa mujer (segundo consejo: no olviden que su tristeza es compartida por los seres que realmente los aman, La Familia).
Traté con ayuda de mis amigos de olvidarme de ella, salía a reuniones, pero mi inseguridad era tal que muy fácil era percibida por las chicas, asi que para hundirme mas, me "choteaban" (tercer consejo: sean realistas y enfrentense a sus temores).
Ya había empezado el cambio, así que un día desperté y mi vida fue la de antes, lavé mi ropa, bañé a mi perra, boté ropa vieja, boté cosas viejas... y me dije a mi mismo que no me gustaba como estaba, y que todo cambiaría (cuarto consejo: tomen la decisión de dejar de sentir compasión por sí mismos).
Toda esa experiencia me hizo ser alguien mejor - por lo menos eso creo - pero de algo si me arrepiento, hasta ahora, después de 11 años... fui cobarde, y maté a mi Bonny. Mi perrita estaba enferma y fue mas fácil para mi sacrificarla que cargar un problema más... maldito cobarde.
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El amor en los tiempos del cólera |
Hace poco se anunció en Uruguay el estreno de la película El amor en los tiempos del cólera, basada en la novela del escritor colombiano Gabriel García Márquez.
No creo que sea buena una adaptación de la obra de este escritor. La única película que vi basada en un libro de García Márquez fue Crónica de una muerte anunciada (con Ornella Muti), que resultó bastante mala y no le llegaba ni a los tobillos a la obra de literatura.
Por supuesto que comparar literatura con cine es como comparar papas con bicicletas. No tiene sentido. Pero las productoras de cine utilizan la literatura y utilizan el éxito de ciertos libros para promocionar sus películas. Se montan a caballo de un suceso pasado con el fin de atraer fácilmente cantidades grandes de espectadores. Así que, que se jodan.
Love in the time of cholera está dirigida por el inglés Mike Newell, quien entre sus películas pasadas tiene a Cuatro bodas y un funeral y La sonrisa de la Mona Lisa, por darles una idea. No son películas del todo malas, y por ser inglés le tengo cierta fe.
En el elenco hay bastantes actores colombianos, aunque el personaje principal es el español Javier Bardem. Entre las colombianas se podrá ver a Angie Cepeda, una mujer súper sexy, de boca grande, muy tetona y atractiva. También estará -adivinen quién- Patricia Castañeda, la autora de aquél nefasto libro Manual para salir de la tusa. Como ya señalé en otro post, se trata de un libro con consejos para el Mal de Amores, escrito muy pobremente y con ideas torpes.
La película transcurre en Centroamérica a principios del siglo pasado, época en la cual, según el narrador, los signos del enamoramiento podían ser confundidos con los síntomas del cólera. Florentino Ariza es un joven romántico que pierde a la chica de sus sueños por otro pretendiente más adinerado. Así, durante los siguientes 50 años se dedicará a construir una vida y una reputación que le permitan recuperarla.
Ya les contaré qué tal la película. La novela es preciosa, como todo lo de García Márquez. Sólo basta leer su primera oración: Era inevitable: el olor de las almendras amargas le recordaba siempre el destino de los amores contrariados.


